F-Campo y Marco

Campo visual y  de la imagen

La dualidad “campo visual”/”campo de la imagen” tendría una utilidad práctica destinada a facilitar nuestro proceso de pensamiento en torno a las imágenes. Si el campo visual alude al aspecto físico o realidad que percibimos, podríamos decir que campo de la imagen es el recorte que de dicha realidad es traspuesto en formas plásticas ( en una pintura, grabado, escultura, obra publicitaria o de diseño gráfico)

Campo de la imagen y marco

Es difícil sustraerse a la idea de un límite para el campo plástico. Si del conocimiento previo y de la experiencia cotidiana de lo que nuestros sentidos nos suministran tenemos en principio una ilimitación del espacio en donde estamos ubicados (más allá de los límites puestos por paredes, calles, edificio, etc.), producto de la esfericidad terrestre, en cambio la imagen artística o de diseño se nos presenta a nosotros como algo finito y limitado, algo que presenta bordes, límites. Es más, el campo de la imagen es precisamente la imagen encuadrada o encerrada en un marco. Decimos literalmente encuadrada porque la experiencia cultural occidental en la que estamos inmersos se ha manejado con la ortogonalidad propia del cuadro (o rectángulo) renacentista, el cual funciona como vedutta o ventana de acceso a un mundo imaginario.

Arte en el que todavía no se concebía un marco para sus imágenes:

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El artista paleolítico no concebía un marco para sus imágenes. Tampoco hay una racionalización del contexto o donde se sitúa la imagen, no hay organización compositiva.

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En Grecia y Roma la pintura y escultura estarán exentas de marco que oficie de límite o borde, como en el ejemplo de la columna de Marco Aurelio, que muestra una secuencia en espiral de sus hazañas militares.

La experiencia MADI

El Movimiento Madí es una corriente artística iniciada en 1946 por el plástico y poeta argentino-húngaro Gyula Kosice y los uruguayos Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss. Se trata de una propuesta para todas las ramas del arte (dibujo, pintura, escultura, música, literatura, teatro, arquitectura, la danza, etc.) basada en la extremación de los conceptos de “creación” e “invención”, con el fin de liberar la creación artística de las limitaciones “externas” a la obra misma y expandir ilimitadamente todas las posibilidades que derivan de la continuidad de la obra de arte. Entre los artistas que integran el Movimiento Madí se encuentran Martín Blaszko, Waldo Longo, Juan Bay, Esteban Eitler, Diyi Laañ, Valdo Wellington, Rodolfo Ian Uricchio y Horacio Faedo.
Estos artistas proponían ya no “representar” sino “presentar” a la obra de arte como un objeto en sí mismo, con sus elementos propios, sin referencia a otra realidad más que a la suya propia. Rompieron con el marco regular del cuadro y su tradición de “ventana” desde la cual mirar el mundo. Se da la ruptura del marco ortogonal que ejercía un dominio indiscutible en Occidente desde el s. XV.
En su publicación, “Arturo” (Bs. As., 1944), con el título “El marco: un problema de plástica actual” Rhod Rothfuss “establece la base teórica para la vanguardia argentina: el marco irregular, que permite que el borde del plano pictórico esté determinado por el borde de la composición pictórica. Como él escribe: “Una pintura con un marco regular hace presentir una continuidad del tema, que sólo desaparece cuando el marco está rigurosamente estructurado de acuerdo a la composición de la pintura”.
Casi todos los pintores del Grupo Arturo comenzaron con el intento de hacer desaparecer definitivamente lo ilusorio. Advirtieron que el marco recortado especializaba el plano: el espacio penetraba en la tela e intervenía en ella como un elemento más. Las obras así creadas participaban de la pintura y la escultura, sin ser ni una cosa ni otra.
Extremando las premisas del arte geométrico, los artistas MADI concretaron la ruptura de la ortogonalidad del cuadro para proponer el marco recortado, cumpliendo cabalmente aquella sentencia del gran formalista ruso Víctor Sklovski escrita alrededor de 1920: “Las obras de arte no son ventanas hacia otro mundo sino objetos”. Siguiendo los criterios explicitados por MADI, las obras que aquí se presentan trabajan con “polígonos regulares e irregulares en la invención de formas planas: triángulos, rombos, pentágonos, hexágonos individualizados o yuxtapuestos a los que también se suman los círculos”, tal como decía Arden Quin poco antes de su muerte. También destaca la presencia de obras coplanales, formas que se imbrican unas en otras y perforaciones o apliques sobre el plano, con una gran variedad de materiales no tradicionales en la solución de cada obra.
La obra MADI no soporta obras proyectadas, ni colores en “degradé”, ni aspereza, ni materia. Privilegia colores lisos y la integridad de la forma, la superficie neta. Todo eso hace que el objeto se encuentre en todo su esplendor. El arte MADI es abstracto, no representativo, no figurativo, concreto, tangible, real.

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